Hurva Synagogue
La propuesta de Louis Kahn para la Hurva Synagogue (1967–1968) está más atada a la memoria
y la estructura que a imitar la historia y el lenguaje que ya poseía. El exterior contiene 16
pylones, organizados simétricamente en las cuatro fachadas, que evocan el lenguaje de las ruinas
del pasado. Estos pylones tienen dos funciones: la estructural y la de protección hacia la
naturaleza, ya que protegen del calor excesivo y de la luz directa que entra al espacio. A pesar de
que ya se había establecido un plan de simetría biaxial en el diseño, Kahn coloca las entradas
impermeables en las esquinas, las cuales crean una sensación de protección y tensión espacial.
La selección de materiales fue esencial en cómo la sinagoga fue construida. En la década de
1960, Kahn utilizó un vocabulario de materiales bastante consistente, siendo el hormigón un
elemento favorecedor por su habilidad de absorber y distribuir la luz. En la Hurva Synagogue, el
hormigón estaba en la estructura interior porque permitía que la luz creara un efecto chiaroscuro
(un contraste fuerte entre la luz y la sombra) en las superficies. Kahn prefería usar travertino,
pero, a consecuencia de restricciones financieras, se vio llevado a escoger la Piedra de Jerusalén
para los pylones del exterior. Esta decisión era para crear un contraste entre el interior y el
exterior: un cascarón protector y un santuario de concreto en el interior, como se imaginó en la
propuesta.
La luz fue una parte importante de la forma y construcción del edificio. En la propuesta del
diseño final de Kahn, él tomó inspiración del óculus del Panthéon e introdujo cuatro tragaluces
en forma de cilindro y un tragaluz en forma de un cuadrado grande en el centro para iluminar el
espacio. Estas aperturas permitían que la luz natural entrara de forma variada durante el día.
Kahn evitaba el uso de la luz artificial porque decía que no tenía el mismo dinamismo que la
calidad de la luz natural. La luz creaba un módulo que estaba atado a los materiales y los
espacios, enfatizando el sentido de serenidad y contemplación del edificio.
El uso de columnas huecas demuestra la integración de Kahn de estructura, espacio y función.
En la propuesta, las columnas huecas fueron colocadas en las esquinas del santuario y
funcionarían como circulación entre los balcones. Estas columnas no están diseñadas para que
entre mucha luz; son más bien aperturas pequeñas que crean una iluminación misteriosa y sutil.
Todos estos elementos expresaban la idea de Kahn de que un edificio puede traducir memoria,
permanencia y profundidad espiritual. La propuesta completa demuestra el enfoque sofisticado
que Kahn tiene hacia los materiales, la luz y la definición arquitectónica.
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